Nuestra aventura basada en la obstinación estaba teniendo muchas
dificultades. Nada parecía salir bien. Todo lo que habíamos obtenido hasta un
día antes de la partida había sido conquistado luego de un proceso de lucha y terquedad,
nada nos había caído del cielo. Pero teníamos confianza en que si lográbamos
llegar a la Baja todo cambiará. La Baja era selectiva, históricamente así había
sido, desde que se le creía una isla de aquel inmenso Mar del Sur.
El ejemplo más claro de esa selectividad era el de los primeros
españoles que trataron de llegar a ella. Luego de haber conquistado
México-Tenochtitlán, Hernán Cortés se esforzó en averiguar las posibles rutas
para acceder al Mar del Sur, como se le conocía entonces al Océano Pacífico.
Cortés pidió los respectivos permisos al rey Carlos V para explorar hacía el
occidente del territorio que recién había conquistado. En 1523 los subalternos
de Cortés se hicieron de los territorios de lo que actualmente es Colima y
fundaron dos villas ahí (Martínez 1994). En 1524, animado por lo que le habían
dicho sus enviados a Colima, Cortés le escribe a Carlos V lo siguiente:
…una isla toda poblada de mujeres, sin varón ninguno, y que en ciertos
tiempos van de la tierra firme, con los cuales han acceso, y las que quedan
preñadas, si paren mujeres las guardan, y si hombres los echan de su compañía,
y que está isla está a diez jornadas de esta provincia, y que muchos de ellos
han ido allá y la han visto. Dicenme a sí mismo que es muy rica de perlas y
oro; yo trabajaré, en teniendo aparejo, de saber la verdad y hacer de ello
larga relación a vuestra majestad (Cortés 1992).
En 1529 Cortés recibió las respectivas ordenanzas de parte de la corona
española para explorar y tomar posesión de todas las islas que conquistara en
el Mar del Sur. Esto no fue fácil, Ruiz Islas (2007) detalla el largo
procedimiento y las dificultades que el conquistador de Tenochtitlán encontró
para lograr esa cualidad de parte de su monarca. Preparar la expedición y
construir las naves para la misma también fue un trabajo lleno de dificultades
debido a las envidias y conflictos que el conquistador tenía con gente como
Nuño de Guzmán, gobernador de las tierras que hacían costa con el Mar del Sur.
Finalmente, en 1532 y al mando de la flota compuesta por dos naves, salió del
puerto de Acapulco, Diego Hurtado de Mendoza, primo de Hernán Cortés. Una de
las naves regresó luego de que los marinos se amotinaron, estos intentaron
regresar a tierra a la altura de bahía de Banderas pero la nave dio de través y
los sobrevivientes que lograron llegar hasta la playa perdieron la vida a manos
de los naturales (Martínez 1994). La que capitaneaba Hurtado continuó el viaje
pero se perdió, nunca más se supo de ella y del destino de esos hombres (León
Portilla 1995). Gracias a los testimonios de los pocos sobrevivientes de esta
primera expedición, se supo de la existencia de las islas que hoy llevan por
nombre Marías.
Cortés no se rindió, mandó construir dos naves más y el 30 de octubre de
1533 zarparon de Colima al mando de Hernando de Grijalva y de Diego Becerra de
Mendoza (otro primo de Hernán Cortés). Su destino fue nuevamente trágico, la
nave de Grijalva regresó al puerto de Tehuantepec a finales de febrero de 1534
luego de ser casi destruida por un huracán. La nave de Becerra, el Concepción,
sufrió otro motín a bordo y el capitán fue asesinado. Abandonaron a su suerte,
en algún lugar de la costa, a dos padres franciscanos que viajaban en la
expedición y al resto de los inconformes con el motín. Luego se dirigieron
hacia el noroeste (Río 1990) y encontraron una “isla” con abundancia de ostras
perlíferas. El piloto de esa nave era
Fortún Jiménez y era además el líder de esos amotinados que pasaron a la
historia por haber sido los primeros europeos en tocar tierra en la Baja. Ahí
entraron en combate nuevamente con los habitantes originales y casi todos los
españoles fueron muertos, entre ellos Fortún Jiménez. Los sobrevivientes huyeron
hasta el continente a la altura de los dominios de Nuño de Guzmán, gobernante
de Nueva Galicia (hoy territorios de Nayarit y Jalisco) y fundador de la ciudad
de Guadalajara.
Si quieres que algo salga bien tienes que hacerlo tú mismo, pareciera
que eso pensó Cortés al planear la tercera expedición a la que él mismo iría al
mando. Luego de más pleitos con Nuño de Guzmán, el conquistador español logró
hacerse a la mar y el 3 de mayo de 1535 llegó a lo que creía era una isla. Al
lugar donde desembarcaron lo nombró Puerto de Santa Cruz de la Mar del Sur y
actualmente ahí es donde se localiza la ciudad de La Paz. Sin embargo, en ese
lugar no había amazonas ni mucho menos oro. Todo fue una decepción, un fracaso.
Incluso, la colonia que se intentó fundar ahí no pudo sostenerse más allá de
unos meses pues dependía por completo de lo que provenía del continente. La
flota de barcos que mandó traer Cortés y que se suponía traerían consigo una
tropa y víveres para la supervivencia de la colonia se perdió casi toda en un
temporal, solo llegó un barco con recursos insuficientes. Cortés decidió el
mismo regresar a la Nueva España por recursos para mantener la colonia.
La Baja parecía estar ciertamente en contra de todos los esfuerzos de
Cortés. Fue el principio del fin para el conquistador de Tenochtitlán pues a su
regreso a la Ciudad de México se encontró con que lo habían relevado de su
puesto y en su lugar se imponía una nueva figura política en el territorio: el
virrey. No pudo regresar a Santa Cruz y el virrey ordenó que los que se habían
quedado allá regresaran. Aún con todo en contra, el conquistador siguió con su
obsesión y el 8 de julio de 1539 partió rumbo a la Baja, desde Acapulco, otra
expedición a nombre de Hernán Cortés. Esta vez, Francisco de Ulloa iba al mando
de tres barcos. Uno de esos barcos, el Santo Tomás, se perdió a la altura de
las Islas Marías. Los otros dos, el Trinidad y el Santa Águeda, continuaron
navegando muy cerca del litoral por lo que hoy es Sinaloa, luego llegaron hasta
Santa Cruz, el lugar de la fallida colonia de Cortés. Después de varios días en
La Paz, la expedición dio vuelta sobre el cabo y entró en el Océano Pacífico,
siempre muy cerca del litoral, y
llegaron hasta la Isla Cedros el 20 de enero de 1540 (León Portilla 2000).
Ulloa decidió continuar la expedición en el Trinidad y al Santa Águeda lo
regresó a la Nueva España para que informara todo lo que se había descubierto a
favor de Hernán Cortés… nunca se supo qué ocurrió con el Trinidad, sus hombres
y su capitán Francisco de Ulloa, también se perdieron para siempre. Después de
eso, Cortés regresó a España en 1541, se fue entre pleito y pleito, y murió
finalmente en 1547 sin poder regresar a América; el territorio de la Baja fue
olvidado por casi un siglo y solo regresó al interés general hasta las
expediciones del padre Kino y el padre Salvatierra.
Yo no podía dejar de pensar que parecía que luchábamos contra una fuerza
muy grande que no quería que fuésemos allá, la misma fuerza que terminó
expulsando a Cortés.
¿¡Qué más necesitas!? ―le grité al cielo esa tarde antes de salir.
Era imposible saber si solo se trataba de la casualidad o si eran
señales claras de advertencia. Aunque iba con tranquilidad rumbo a la estación
de autobuses de la Central Camionera del Norte en Ciudad de México, la incertidumbre
y la duda no me abandonan, incluso tenía miedo.
Una baja más. Cristina no había
podido posponer un examen que tenía esa semana y por lo tanto había decidido,
muy a su pesar, quedarse en Ciudad de México. La noticia nos cayó como un balde
de agua fría estando en la central camionera.
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